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Cuento: La Luciérnaga

“Dios es la Luz en la que veo”: Ucdm.

Había una vez una joven luciérnaga que le gustaba jugar todo el día y dormir durante toda la noche. Al llegar la aurora se le empiyamaban los ojos y se quedaba dormida en cualquier árbol donde estuviera; al despuntar el sol estiraba sus alas, sus paticas y su aguijón y a joder se dijo… como buen adolescente.

 

Ella presumía de su magnífica destreza para volar durante el día y creía que la luz del sol era lo único que brillaba y existía. Por eso no descansaba ni un momento y derrochaba energía por donde quiera que fuera. Sus hermosas alas y su transparente figura casi nadie la veía en el día. Sus padres se encargaban de casi todo y lo único que le interesaba era parrandear, comer, divertirse y buscar chicas lindas. Vivía como en un sueño y normalmente obtenía lo que quería.

 

 

Sin embargo algo le extrañaba sobremanera pues ella se mantenía casi siempre sola durante el día.  ¿Qué estarán haciendo las otras luciérnagas se preguntaba?  Será que permanecen dormidas las muy tontinas presumía para sus adentros. Yo soy de las únicas despiertas y no saben de lo que se pierden…. no saben lo que es vivir la vida, pensaba.

 

Un día de aquellos estaba tan agotada de revolotear por ahí que el mismo cansancio no la dejaba dormir. Tenía insomnio y por mas que intentaba no pegaba el ojo.  De un momento a otro empezó a preocuparse por la oscuridad reinante y sintió algo que nunca había experimentado; miedo. Se sintió más sola que nunca en la oscuridad total; no se movía petrificada por los ruidos de la noche y los movimientos de otros animales que parecían burlarse de ella.

 

De repente vió destellos de luces itinerantes que se apagaban y prendían como los faros de luz que guían a los barcos en la noche. ¿Que extraño y horripilante bicho estaría persiguiéndome? se preguntó. No tenía el menor interés de averiguar pues el miedo a esa luz la tenía paralizada.

 

¡Dicha luz empezó a acercarse a ella! observó ella que se hacía chichí del terror y el susto.

 

Cuando vió que se dirigía a ella entró en pánico total y se desmayó… durante unos segundos; al despertar vió a su compañera de juego que hacía rato que no veía sonriente como si nada hubiera pasado.

 

¿Usted es bobita o que, acaso no me conoce? le preguntó.

 

Con un respiro de alivio volvió en sí maravillada con la intensa y bellísima Luz que su compañera llevaba consigo.

 

¿Oye de dónde sacaste esa Luz que llevas por dentro?

 

La otra luciérnaga extrañada, le respondió que esa Luz la tienen todas las luciérnagas  y que sólo hace falta volar para que ella se encienda automáticamente; que no sabía porqué pero funciona así. Esa Luz le permitía entre otros, alumbrar todo por donde quiera que fuera sirviendo de paso como faro o guía para otros animales. Así mismo le servía para calentarse contra el frío, conseguir toda la comida que necesitara y de paso le ayudaba a persuadir a otros animales para que no la atacaran. Mejor dicho esa Luz todo lo permitía. Le servía como guía, energía, sustento y protección.

 

Fascinada por todo lo que le contaban, nuestra luciérnaga se preguntaba porque nunca la había visto ni sabía de esa Luz que tenía dentro de sí. Ella misma se dió cuenta que precisamente por andar siempre de día amparada por sus padres terrenales no había caído en cuenta que su naturaleza le permitía volar y vivir en dónde otros no veían sino sólo oscuridad. Ella sintió que tenía esa misión de llevar esa Luz por donde quiera que fuera enseñando a su paso que todos sus hermanos la tenían, reconociéndose plena y libre en todo momento y en todo lugar.

 

¡Estaba dotada de esa Luz maravillosa! que a su vez todos sus hermanos tenían y compartían.

 

Rebosante de dicha emprendió vuelo teniendo la certeza de que éste era un nuevo comienzo para su vida. Que todo lo que había pasado antes no significaba nada quedando borrado para siempre. Con semejante Luz dentro de sí no cabía de la felicidad y llevaría ésta por donde volara. Ahí estaba la clave. Si volaba se encendía la Luz, de lo contrario no se prendía…

 

“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” Mateo 5: 13-16.

 

Autor: Aimant

Comentarios (1)

  1. Responder
    Clara Ines Jaramillo says:

    Doy gracias a Dios por estar en el camino de encontrar mi Luz para poder iluminar.Un cuento como el de la Luciernaga nos llena de amor e ilucion

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