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Despertar no es un cuentito de hadas

Esperanza

 Por Esperanza Abadía

Tal y como nos lo anuncia el prefacio del mismo, el curso de milagros es un entrenamiento para la mente, es decir, que su propósito es generar un cambio en nuestro sistema de pensamiento como una conciencia limitada del ser, lo cual, puede o no verse reflejado en nuestra conducta (aunque muy probablemente lo hará). Es por eso que en ninguna parte del texto se habla de lo que debemos o no hacer.

Literalmente estamos deshaciendo un estado de amnesia.  A medida que limpiamos (a través del proceso del perdón) las distorsiones que hay en nuestro campo mental, también vamos generando el milagro de recordar nuestro estado original. En este proceso, nuestra estructura mental habitual, construida sobre la base de la separación, va dando paso a la visión de no forma, es decir a la plenitud de la unificación, «lo que en física cuántica se conoce como campo unificado, o todas las posibilidades». La mente recta, o estado natural de la mente, entiende la totalidad y la unidad es decir que todo está unido, y que todo es uno. En el curso, esta experiencia de plenitud contiene el recuerdo de la Divinidad, y mientras vamos recuperándolo, en lo más profundo de nuestra mente, las ideas inherentes al ser fragmentado que fabricamos y que obstruyen la visión de lo real, deben ser deshechas. Esto es a lo que el curso llama «el deshacimiento del velo».

Este proceso no es precisamente siempre gozoso y tranquilo; en ocasiones puede llegar a ser doloroso, ya que en su cumplimiento, los errores u obstáculos, deben ser reconocidos y asumidos, para poder ver más allá de ellos, es decir perdonarlos, y entender que no son pecados que merecen castigo sino errores que necesitan corrección. Si nos quedamos en nuestros juicios hacia nosotros mismos y hacia los demás otorgándoles así realidad, la culpa resultante es inevitable, lo que solo acrecienta el miedo al «justo merecido», de frente a un futuro doloroso en el que inevitablemente nos espera el  castigo Divino por nuestros pecados, idea que también subyace en la errónea interpretación de la «ley de causa y efecto» o ley del karma, que en el curso no es otra cosa que el asumir el poder creador de la mente real o el poder proyector de la mente errónea. Pues «todo pensamiento crea forma en algún nivel» o «acarrea paz o guerra».

De otro lado, hay una nueva visión que el curso nos ofrece, en la que las viejas creencias que sustentaban el sueño de la separación y el pecado, o la fuerza y valor del falso ser, están colapsando. Esto puede ser entendido desde la separación como una pérdida, frente a la cual podemos experimentar un enorme enojo o dolor, que a la larga, no es otra cosa que la resistencia del ego al sentir que está perdiendo el control.  Es imposible para él entender que no hay pérdida, ni pecado, ni fracaso,  y renunciar a la frecuencia de la muerte con la que nos mantiene atados al miedo, ya que esto es lo que él es. Este mismo miedo que se siente en el cuerpo y que nos oprime, es el miedo del ego a su propia disolución, al ver que su personaje está en riesgo desaparecer, y quedar reducido a una memoria brumosa. Todas estas historias dolorosas o felices, que determinaban nuestra manera de percibir el mundo, van quedando sin fundamento, en la medida en que nos asentamos en el presente para darle significado a la vida. 

A medida que nos vamos sintonizando con nuestro guía interior, que contiene el recuerdo del ser, vislumbramos una nueva manera de ver

Este enfoque en el presente, forma parte del proceso en el que nuestra naturaleza humana, especial y limitada, engrandecida solo por sus logros materiales, a los que en un momento de nuestras vidas dimos el poder de la salvación, está siendo reemplazada en la mente por la naturaleza Divina, que solo existe en la eternidad, es decir en el ahora, a la que no se le puede agregar ni quitar nada, porque es total e inmutable.  Ella no conoce conceptos, ni creencias, ni formas, ni historias. Es una experiencia de amor total, de paz,  de plenitud y de unidad, que implica necesariamente el abandono de la individualidad, o del personaje especial,  limitado por la forma y oscurecido por el pecado, de las cuales resulta la personalidad egóica, o falsa identidad, precisamente esa, que solemos defender a capa y espada,  resultado de una combinación de patrones y hábitos automáticos casi siempre desconectados del presente  y que proyectan en la experiencia lo que es compatible con este nivel particular de frecuencia de creencia en la escasez, la pérdida y la muerte.

A medida que nos vamos sintonizando con nuestro guía interior, que contiene el recuerdo del ser, vislumbramos una nueva manera de ver, que nos permite verificar si un pensamiento está o no alineado con la verdad, (el curso nos enseña que sólo la verdad es verdad) y lo sabremos en la medida en que nos brinda paz.  De no ser así, solo es necesario reconocerlo, perdonarlo o ir más allá de él al reconocer su falsedad, y pedir al Espíritu Santo por una nueva manera, alineada con su visión de santidad.  Es así cómo vamos expandiendo los límites de nuestro entendimiento conceptual, liberándonos del pasado que nos ata, desafiando la frecuencia del miedo, y enseñándonos a nosotros mismos lo que somos, al recuperar nuestra comunicación con la fuente.

Comentarios (1)

  1. Responder
    Jimena says:

    Gracias esperanza, es indispensable que recordemos la verdad de lo que somos.

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