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La Unión Hace la Fuerza

“La única carencia que necesitas corregir es tu sensación de estar separado de Dios”

UCDM. Libro de texto 1.VI.2

Como pez en el agua…

¡Ahora mismo estamos unidos en y por el Espíritu! y… separados como cuerpos y/o psiquis. Para tomar consciencia (darse cuenta) de esto, es indispensable salirnos de nuestro yo personal y sumergimos en el inmenso y majestuoso “océano” del Espíritu unificándonos en un solo Ser,un solo Espíritu, una sola Mente en donde vivimos, nos movemos y existimos. Allí estamos inmersos en nuestro elemento natural y nos movemos como “pez en el agua”. Ya no me veo a mi mismo y a los demás como un cuerpo y/o una personalidad diferente o especial, separados unos de otros sino que nuestra individualidad se disuelve y entramos a formar parte de un inmenso sistema de pensamiento unificado, omnisciente, pacífico, omnipresente, gozoso, poderoso y amoroso. Podemos darnos cuenta de esa unión ya existente a través de un único intercesor: el Espíritu Santo que habita en todos y cada uno de nosotros.

Escena de la película Buscando a Nemo

¿O sea que perdemos nuestra identidad?

Eso es lo de menos. Al salir de nuestro delgado y limitado yo (un velo que se cae), dejamos de juzgar al mundo (lo perdonamos) y lo vemos “espiritualmente”, o sea nos deshacemos de nuestro ínfimo ego o sistema de pensamiento personal que ve todo separado, fusionándonos o uniéndonos en la Mente de Dios que lo abarca todo. Todo eso sucede en nuestra mente conducidos suavemente por el Espíritu Santo. A cambio ganamos mejor, una nueva Identidad, una nueva visión unificada de las cosas valorando o viendo a la “otra persona” (la que está en mi mente) y a nosotros mismos como canales o instrumentos del amor y poder de Dios y también como Seres impecables, perfectos, inalterables, inocentes, inmunes, libres, eternos, unidos y santos!

¿Santos… acaso eso no es para místicos, teólogos, curas, monjes, pastores o privilegiados metidos en cosas religiosas; eso significa que tengo que estar levitando, meditando y orando todo el tiempo, sin cometer “pecados”?

No importa si optas por esos caminos u opciones viables pues el propósito es el mismo, pero pueden ser muy largos…. De todas maneras ¡ya somos santos! y no de la familia presidencial precisamente….

¿Hay otro camino?

Si. A través de las relaciones <santas>. Ellas nos hacen meter en el “océano” del Espíritu de un sólo chapuzón. Ese es un atajo; un camino más directo, corto y garantizado. Se trata de que al relacionarnos con “los demás”, busquemos, pidamos, hallemos y compartamos la <santidad> que todos tenemos o el Espíritu en el cual estamos todos inmersos como hijos de Dios. Eso sí debemos asegurarnos de que El Espíritu Santo medie o interceda entre ellas para que sean relaciones santas pues el conoce todo de nosotros. En realidad, El es el que nos une y conecta. Ahora si como dicen, lo que ha unido Dios por ningún motivo lo separa el hombre. Convertimos las típicas relaciones especiales o separadas (de cuerpo/psiquis a cuerpo/psiquis) que tenemos, en relaciones <santas> o unificadas (de Espíritu a Espíritu).

Ese suena muy bonito pero ¿Cómo funciona eso en la vida cotidiana?

Significa que aprendemos a ver y/o sentir a la “otra persona” (la que está en mi mente) valorándola por Su eterno, perfecto e inalterable Espíritu y no por su cuerpo y/o su psiquis (lo que hace, sabe o tiene). Los demás se convierten entonces en nuestro espejo correcto y consecuentemente nos vemos a nosotros allí reflejados. Así reconocemos nuestra unión. Este camino nos facilita las cosas pues “los demás” se convierten en nuestro salvador y nos ayudan a liberarnos por ahi derecho de nuestro maluco ego. Recuerda que la antiquísima <regla de oro> nos invita a que veamos o hagamos a los demás como quisiera que ellos nos vieran o hicieran a nosotros.

¿Cuando los «demás» me caen bien es fácil pero cuando el “otro” es un <gañán, fanfarrón, incumplido, mechudo, mentecato, tramposo, mañoso, oloroso, cretino, chichipato, perdedor, tacaño, incumplido, gritón, tránsfuga, perezoso, feo, estólido, saporrito, intenso, lento, gordo, papanatas, improbio, grosero, ofensivo> etc., etc. y “n” juicios más?

Precisamente debes asumir y creer que eso <NO> es el «otro», independientemente si me cae bien o mal. No le damos valor a eso (no le creemos) pues es sólo su temporal, ilusorio y cambiante cuerpo, su psiquis, su programación, -su pequeño ego- y no el inmenso Espíritu de Dios que habita en el eternamente. Se trata de ver y/o sentir más allá de esos juicios, para que se cree convenientemente el ”efecto espejo” al percibir a mi hermano como un canal del poder y amor de Dios, como un Espíritu no cambiante, eterno y como un Ser totalmente libre e inocente, íntegro, injuzgable, pleno, completo, al que no le hace falta nada. Lo vemos por lo que verdaderamente Es: la morada de Dios, Su canal, Su tesoro, Su dicha, Su amor…

O sea tengo que ser un “santurrón” con los demás…

La unión (en tu mente) se hace en El Espíritu y no en el ego… Aquí hay que ser radicales. No hay que buscar uniones cuerpo/psiquis. El agua y el aceite no se mezclan. No hay opuestos. El Espíritu une y el ego separa. Están en tu mente juntos pero no revueltos. A Dios lo que es Dios y al césar lo del césar… La verdad o lo falso. Nuestro mismo Espíritu es lo real y el ego (cuerpo/psiquis) es una ilusión o película en tu mente que afortunadamente tarde o temprano se desvanece. El Espíritu y el ego son mutuamente excluyentes.

El ego conduce a relaciones especiales, separatistas, individualistas, excluyentes, interesadas, condicionantes, competitivas, negociables, donde alguien tiene que sacrificar algo o pagar «un precio» o, llenar un “vacío” en el otro o en mi, asumiendo que le hace falta o necesita algo, ocasionando intercambios y negociaciones que siempre tienden al deterioro pues siempre lo que gana uno otro lo pierde. El ego nos lleva a especialismos diferenciadores, separatistas, favoritistas, odiosos y excluyentes: nacionalismo, regionalismo, racismo, familismo, puritanismo, materialismo, partidismo, religiosismo, etc. en dónde sólo me junto con los que están de acuerdo conmigo o los que favorecen mis intereses o me caen bien.

En realidad lo que aparentemente se tiene, se hace o se sabe, en la vida espiritual no importa. Ni te aferres ni rehúses a eso. Ni quita ni pone.

En cambio en la relaciones <santas> por medios del Espíritu Santo, nunca vemos pérdidas en ninguna relación, pues todos lo tienen todo asumiendo que somos Seres plenos y libres de deudas pasadas; ya no se intercambian cosas que le hagan falta a uno u otro sino que mejor se comparte todo sin que nadie quede debiendo nada. Así mismo no se tienen preferencias especiales con ningún hijo de Dios. Invertimos la percepción. Transformamos las tradicionales relaciones especiales (de padre/hijo, esposo/cónyuge o entre compatriotas, familiares y amigos, jefe/empleado, cliente/proveedor, oferente/demandante, alumno/profesor) en relaciones <santas> donde no hay intercambio de intereses y pago de deudas físicas o psíquicas del pasado sino inmensos, magníficos, completos, inalterables, eternos, divinos y completos Seres compartiendo entre Sí. Esto ocurre en tu mente a un nivel profundo… espiritual.

Sin embargo -por ahora- en tu mente terrenal y/o en el mundo, ambos tipos de relación van a estar en el menú del día. Por eso mientras la mente toma consciencia de nuestra unión con Dios y con todo, es indispensable deshacer mis ideas o desatar mis juicios o mediciones (o sea perdonar) 70 veces 7 al día. En eso consiste poner la otra mejilla. Se trata (al ver a tu hermano) de elegir a cada instante santo que sistema de pensamiento o lente (el ego o el Espíritu) crees y escoges para verlo. Quitamos el “velo” (el yo que hemos fabricado) que nos invita a mirar todo por separado, para darnos cuenta que estamos unidos en la inmensidad del Espíritu.

Mira la divinidad, santidad y grandeza de tu hermano (que es la morada de Dios) y te verás a ti mismo de esa manera. Esa santa visión siempre tendrá el “efecto espejo”… Luego agradece. Haz ese ejercicio mental y hablamos…

¿Entonces lo que veo o extiendo se convierte en lo que soy?

Si. Exactamente ahí se reconoce la unión de nuestras mentes. Por eso es que una visión corregida (una mente sanada por el Espíritu Santo) produce efectos milagrosos. Se corrige la sensación de separación con Dios y con mis hermanos que son su extensión, cesando la carencia y el juicio. Nos corregimos unos a otros. Es más práctico y eficiente que andar

meditando y orando al desayuno, almuerzo y comida, repitiendo pensamientos positivos 20 veces diarias, poniendo nuestra mente en blanco a la fuerza o haciendo sacrificios o ayunos de cosas externas que creemos hacen daño a nuestro cuerpo o psiquis (…espiritualmente somos perfectos, inmunes, inalterables, invulnerables).

!Uyy entonces voy a salir a practicar eso ya…!!!

Claro que si… la práctica hace al maestro. Así te conviertes en maestro y alumno a la vez ( Dios los pone en nuestro camino). Eso sí, es necesario primero entrenar a la mente aprendiendo a distinguir y elegir entre esos dos sistemas de pensamiento (nuestro Espíritu Santo o el ego, el uno o el otro) para que cuando salgamos al juego o película de la vida cotidiana estemos alerta y no caigamos de nuevo en la tentación de las ilusiones y los engaños del ego. De esa manera podremos practicar lo que hemos entrenado, en la calle, la casa, el trabajo o el estudio viéndonos a través de muchos “espejos” o hermanos nuestros que nos ayudarán a reconocer por reflejo nuestro verdadero y divino Ser (Dios mismo).

Entonces se convierte en un “juego de espejos” por decirlo así…

Eso es extender el Reino de Dios. Recuerda que todo lo descrito sucede en nuestra mente que se integra a través del Espíritu Santo en Una sola Mente: la Mente de Dios. Ya no “ves” o sientes a los demás y a sí mismo como cuerpos/psiquis individuales, especiales y separados sino como ramas de un solo tronco, de un solo Ser, de un mismo Espíritu.

En conclusión la unión que hace la fuerza se reconoce a través de relaciones <santas> que emergen desde nuestra mente. No conviene hacerlo “yo con yo” aislándonos del Espíritu Santo y de nuestro hermano. No pongamos nuestra Luz debajo de una mesa. Al enfocarla y extenderla sobre nuestro hermano la reconoceremos viéndola reflejada en nosotros mismos.

Autor: Aimant (seudónimo)

Comments(2)

  1. Responder
    Luis says:

    Excelente texto, claro, lúcido y muy útil e interesante, gracias.

  2. Responder
    Marle says:

    Gracias por el texto.

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