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Más Allá de la Consciencia: La paz de Dios

Fragmento de «La otra voz» – Brent Haskell*

El Curso habla a menudo de nuestra invulnerabilidad, y habla sobre el hecho de que nada nos puede pasar por azar o accidente. Esto debe aplicarse incluso a la fabricación de este mundo de ilusión. Es importante que seamos capaces de acoger el hecho de que la producción de este mundo fue emprendida desde un estado de pleno discernimiento, y que todo lo que parece suceder aquí está cuidadosamente diseñado. No se han cometido errores, no hay torpezas que nos hayan hecho caer atrapados aquí en el espacio y el tiempo. Por supuesto que PARECE ser de otra manera. Pero eso, también, necesariamente tiene que formar parte del diseño. Si no fuera así, no seríamos invulnerables, y el Curso estaría en un error.

Así es que nosotros deseamos fabricar un mundo donde se diera la APARIENCIA de haber conseguido realizar la imposibilidad de la separación, y siendo mientras tanto plenamente conscientes de que realmente no era posible hacer eso.

Esto exigió plantear un esquema donde pudiéramos diseñar este mundo de separación, luego olvidar de cierto modo que lo hemos hecho, y entonces contemplar ese mismo diseño y creer que es realidad. Debemos constatar que esto requirió de un genio creativo en su mayor expresión. Y hemos hecho un trabajo de maestros fabricando precisamente un mundo así.

La forma en que hicimos esto es esencialmente la misma que la forma en que creamos nuestra propia enfermedad, y que el Curso describe muy bien en los párrafos segundo al cuarto de la Lección 136. Este mundo no fue un accidente. Es un plan de auto-engaño cuidadosamente diseñado,cuyo propósito es ocultar la realidad. Lo fabricamos; luego diseñamos un astuto plan para olvidarnos de que lo habíamos hecho, y entonces procedimos a contemplar ese plan y parecer experimentar como si fuera real. El medio por el cual fuimos capaces de hacer esto es ciertamente de lo más astuto.

Primero, imaginamos que era realmente posible SER lo que no podíamos ser, que es separados de Dios y de la Vida Misma. En el siguiente instante, para que pudiera sobrevivir esa noción imaginaria, era necesario que pareciera que dividíamos nuestra mente. Esto simplemente significa que tenía que haber una parte de la mente que no fuera consciente del plan de la separación tan cuidadosamente diseñado, mientras que otra parte sí era plenamente consciente de ese mismo plan y de su resultado garantizado –que tenía que ser el del regreso final de la mente a la plenitud, o el final del sueño de separación, por así decirlo (“Este es un Curso obligatorio”).

Para poder hacer esto concebimos la proyección y la percepción. Hicimos una pantalla sobre la cual pudiéramos proyectar lo que fuera que quisiéramos parecer experimentar en este mundo de ilusión. Entonces proyectamos las imágenes elegidas den esa pantalla, y en un instante dividimos nuestro discernimiento de tal modo que parte de él pudiera enfocarse en la pantalla y pretender que las imágenes eran reales, sin recordar de dónde venían estas en un primer momento. Y estas habían sido fabricadas por la mismísima mente que luego iba a contemplar lo que había proyectado.

«Nuestros pensamientos aquí no son más que imágenes que hemos fabricado.»

No podíamos realmente ESTAR separados, pero sí podíamos ingeniárnoslas para observar el conjunto de imágenes proyectadas y pretender que ellas representaban algo real. Sin embargo, las imágenes no son reales, y nunca lo pueden ser. Así pues, en realidad, este mundo nunca sucedió.

Entonces, lo que sigue son ciertas intuiciones excitantes y posiblemente alarmantes. Debemos entonces preguntarnos por la naturaleza de la pantalla sobre la cual la mente proyectó su sueño de ilusión, y por la naturaleza de las imágenes que ella eligió proyectar ahí. Y ésta es la respuesta:

La pantalla que la mente creó y sobre la cual eligió proyectar sus ilusiones es la consciencia misma. Y las imágenes que ella proyectó no son otras que los pensamientos que habitan en esa consciencia.

Por eso es que el Curso dice con precisión que la consciencia es el mecanismo RECEPTIVO. Pues es simplemente la pantalla sobre la cual la mente proyecta aquello que quiere percibir. Por eso es que la consciencia fue la primera división introducida en la mente después de que la separación fuera imaginada, convirtiendo a la mente en perceptora, en vez de creadora. Y por eso nuestros pensamientos aquí no son más que imágenes que hemos fabricado. Y por eso el Curso dice que “la percepción implica un intercambio, o traducción, que el conocimiento no requiere”. El intercambio o traducción, es el proceso por el cual una imagen es proyectada, luego el proceso es instantáneamente olvidado, y entonces esa misma mente ve lo que ella proyectó en el momento anterior. Y, finalmente, por eso es que los pensamientos de los que somos conscientes, los de la consciencia, no son nuestros pensamientos reales, y realmente no tienen nada que ver con los pensamientos reales, que reflejan y tienen que reflejar necesariamente el poder creativo de la mente misma.

Después de llegar a un punto donde somos capaces de abrirnos a admitir la verdad de los párrafos precedentes, hemos llegado a la constatación de que los pensamientos de los cuales somos conscientes no son nuestros pensamientos reales. También constatamos que TODOS esos pensamientos deben estar dentro del dominio del ego, y nos damos cuenta de que contar con esos pensamientos para ayudarnos en nuestra búsqueda de la verdad es igual que intentar descubrir la verdad mirando a través de una máscara que fue diseñada para esconder esa misma verdad.

Entonces, constatamos que debe haber una manera de ir más allá de esa máscara, a donde podamos descubrir la verdad y la paz de Dios.

La manera de alejarnos del sistema de pensamiento del ego para ir más allá de las trampas de los pensamientos conscientes, es volver a un pasaje del Curso mencionado arriba, que nos habla de la que ÚNICA libertad que tenemos aquí es la de la elección, y que la única elección está SOLO en la voz que elegimos escuchar. Entonces necesitamos plantearnos cómo es que en efecto escogemos o podemos escoger entre esas dos voces. Pues solo al escuchar a la “Otra” voz podremos descubrir la verdad y la paz de Dios.

Se nos ha dicho que el ego y el Espíritu Santo se encuentran completamente incomunicados. La razón de ello es que los dos operan dentro de sistemas de pensamiento completamente diferentes.

Uno de ellos tiene como una de sus premisas fundamentales la posibilidad y la existencia de la separación. Y la premisa fundamental del otro sistema es que la separación no puede, y nunca pudo, existir en absoluto. Si albergamos tan siquiera una ligera sospecha de que Dios podría estar de algún modo separado de nosotros, entonces, estamos eligiendo el sistema de pensamiento del ego, y no podemos escuchar realmente la Voz del Espíritu Santo. A modo de simple ejemplo sobre esto, si rezáramos a Dios y le pidiéramos que nos garantizara las peticiones que le hacemos, estaríamos haciendo la sutil asunción de que Dios está SEPARADO de nosotros. Entonces, estaríamos asumiendo que la Voluntad de Dios podría ser DIFERENTE de la nuestra, y se vuelve necesario tener alguna forma de poder influir sobre Dios para que nos escuche y nos responda. Por tanto, estaríamos hablando con la voz del ego, y el Espíritu Santo no puede responder, pues no puede salvar la brecha de comunicación que existe entre Su propio sistema de pensamiento y el sistema imaginario de pensamiento del ego.

También recordamos que el ámbito del pensamiento consciente es el domino del ego. Si insistimos en habitar en ese dominio e intentamos “averiguar” el mensaje del Espíritu Santo, estamos condenados al fracaso. Pues todo nuestro “averiguar”, todo el análisis, las horas de debate y de comentario están, por definición, limitadas al ámbito del ego. Así que debemos cambiar a un escenario donde esos procesos terminen para poder finalmente escuchar la “Otra” Voz, que es realmente la Voz del Espíritu Santo, la Voz de Dios.

«El Curso nos aconseja que dejemos ir todos nuestros pensamientos conscientes, conceptos y juicios. Pues hacer esto es despojarnos a nosotros mismos del ego y de su sistema de pensamiento. Y al hacer precisamente eso es como seremos capaces de escuchar realmente.»

Así llegamos a una cuestión importante. ¿Cómo es que realmente podemos oír, y por tanto realmente escuchar, a la otra voz? ¿Cómo podemos, mientras aún habitamos en este mundo de espacio y tiempo, escuchar la Voz de Dios? La respuesta está en el Curso mismo, y en uno de sus párrafos más bellos y emotivos (Lección 189.7):

“Haz simplemente esto: permanece muy quedo y deja a un lado todos los pensamientos acerca de lo que tú eres y de lo que Dios es; todos los conceptos que hayas aprendido acerca del mundo; todas las imágenes que tienes acerca de ti mismo. Vacía tu mente de todo lo que ella piensa que es verdadero o falso, bueno o malo; de todo pensamiento que considere digno, así como de todas las ideas de las que se siente avergonzada. No conserves nada. No traigas contigo ni un solo pensamiento que el pasado te haya enseñado, ni ninguna creencia que, sea cual sea su procedencia, hayas aprendido con anterioridad. Olvídate de este mundo, olvídate de este curso, y con las manos completamente vacías, ve a tu Dios”.

Está claro que este pasaje del Curso nos aconseja que dejemos ir todos nuestros pensamientos conscientes, conceptos y juicios. Pues hacer esto es despojarnos a nosotros mismos del ego y de su sistema de pensamiento. Y al hacer precisamente eso es como seremos capaces de escuchar realmente.

El hecho sigue siendo, sin embargo, que para muchos de nosotros, tan hundidos en la creencia de que nuestra consciencia es una parte integral y esencial vital de lo que somos, dar este paso puede parecer realmente atemorizador. Esto es porque dejar marchar la consciencia es lo mismo que dejar ir el ego. Y hemos diseñado este mundo de modo que PAREZCA como si el ego es lo que somos. Así pues, dejar que el ego se marche PARECE equivalente a elegir la muerte, lo cual es un paso que muchos de nosotros indudablemente enfocamos con miedo. Pues apreciamos estar vivos, y no deseamos dejar de existir –y mucho menos por propia elección.

Escuchar la otra voz, sin embargo, está lejos de ser atemorizador. Es la experiencia más gratificante, significativa y bella que podemos permitirnos a nosotros mismos aquí, en este mundo. Es también la única manera de comprender y de experimentar la paz de Dios.

«A menos que estemos dispuestos a acoger una visión diferente de la vida tal y como la conocemos, Y UNA VISIÓN DIFERENTE DE LO QUE NOSOTROS MISMOS SOMOS, no podremos salir del sistema de pensamiento del ego, y no podremos descubrir la paz de Dios.»

Cuando hacemos la elección de escuchar, lo hacemos permitiendo que nuestras mentes se acallen. En este lugar de silencio, en ausencia de nuestros pensamientos conscientes, el ego ya no está presente y hay una sensación inmediata de paz creciente. Lo que entonces comienza a aparecer es un discernimiento, una presencia, que desafía toda definición. Pero a partir de este discernimiento, descubrimos lo que podría llamarse un “conocimiento”, o una certeza. Es este conocimiento lo que nos bendice con un discernimiento sobre qué hacer, sobre dónde ir o qué decir, a la hora de vivir nuestras vidas aquí, en este mundo. El discernimiento que surge de nuestro silencio puede traducirse y de hecho se traduce en nuestro conocimiento sobre cómo vivir nuestras vidas aquí, incluso aunque este mundo de espacio y tiempo sea solo un mundo de ilusión. Pero este mismo discernimiento puede causar y realmente causa que nosotros veamos el mundo de manera diferente a la manera en que lo habíamos visto antes.

Lo que esto significa literalmente es que es posible vivir la vida aquí, en este mundo, ser capaces de funcionar en el ámbito de la percepción, y, no obstante, ver el mundo a través de los ojos del Espíritu Santo, en vez de con los del ego. Por eso el Curso ha dicho que la consciencia, aunque no pueda trascender el ámbito de la percepción, puede volverse consciente del mundo real, y puede ser entrenada en hacerlo más y más. Esto se denomina “percepción verdadera”, y solo puede ser alcanzada al escuchar a la Otra Voz.

Si nuestra única elección aquí es a cuál voz vamos a escuchar, y si deseamos escuchar la Voz del Espíritu Santo, parece que llegamos a un dilema significativo:

Si la manera de escuchar la Otra Voz es acallando nuestras mentes conscientes, al dejar de pensar esos pensamientos irreales, entonces, ¿qué papel tiene Un curso de milagros? ¿Qué papel tiene este libro? ¿Acaso no sucede que los libros, las charlas, los grupos de estudio, piden que leamos, estudiemos, discutamos, para poder aprender este Curso? ¿Y todo eso no está más bien confinado al dominio del ego, como el Curso dice? ¿No es contradictorio por parte de Jeshua** el siquiera habernos dado el Curso en un primer momento? Dicho brevemente, ¿hay lugar para el estudio de este material? ¿Y cómo tal estudio se relaciona con ser capaz de escuchar la otra voz?

En tanto que la consciencia PUEDA ser entrenada para ver el mundo real, debe haber avenidas por las cuales se pueda lograr ese entrenamiento. Todas esas avenidas tienen que ver con nuestra disposición a abrir nuestro discernimiento consciente a la verdad. Esto es lo mismo que abrir voluntariamente nuestras mentes a una manera diferente de mirar al mundo. A menos que estemos dispuestos a acoger una visión diferente de la vida tal y como la conocemos, Y UNA VISIÓN DIFERENTE DE LO QUE NOSOTROS MISMOS SOMOS, no podremos salir del sistema de pensamiento del ego, y no podremos descubrir la paz de Dios.

Primero, debe existir en nosotros el discernimiento de la verdad de Dios. No podríamos separarnos de esa verdad, aunque pudiéramos imaginar vanamente que fuera posible. Cuando nos abrimos a nuevas ideas, como las que encontramos cuando leemos el Curso o libros así, experimentamos una callada resonancia dentro que afirma la presencia de la verdad. Cada uno de los pensamientos viejos (del ego) que deseemos preservar solo puede servir como obstáculo para este proceso. Pero, al abrirnos de verdad, CON UNA BUENA DISPOSICIÓN A TENER UNA NUEVA MANERA DE VER, entonces, ideas como las del Curso o las de este libro, y por el sentimiento que generan en nosotros, realmente nos están diciendo que nos estamos acercando al centro de la verdad. Entonces, cuando entremos en el silencio y volvamos, el discernimiento que traigamos desde allí se verá engrandecido debido a la presencia, en nuestra consciencia, de esas ideas que hemos encontrado y que hemos elegido aceptar.

Segundo, no somos cuerpos, sino mentes ejercitando su poder creativo. Es la mente quien proyecta, en la pantalla de la consciencia, aquello que querría percibir. Y como esto es un curso obligatorio, parte del diseño DEBE SER la proyección final de la verdad en la consciencia. Por tanto, parte del diseño original de este mundo incluyó la introducción planificada, en la consciencia, y a lo largo del tiempo, del discernimiento de la verdad. Jesús estableció la Expiación al ser la persona que primero trajo a la consciencia humana una vida que estuvo plenamente en sintonía con la verdad de Dios. Y dijo que quienes tuvieran oídos para oír, que oyeran. El Curso y –para quienes eligen creerlo así– también Viaje más allá de las palabras y este libro, son algunos de los muchos otros instrumentos a través de los cuales la mente introduce la verdad en la consciencia, y siempre con el propósito de devolver la mente a su estado original de plenitud.

Al leer, al escuchar, al estudiar Un curso de milagros, o Viaje más allá de las palabras, o este libro, o cualquiera de las demás fuentes disponibles, estamos eligiendo fertilizar el suelo sobre el cual la Otra Voz plantará las semillas de la verdad. Por tanto, tales empeños son apropiados ciertamente para aquellos guiados a seguir ese camino. Sin embargo, es muy importante que no perdamos de vista el hecho de que no podremos entender la verdad de Dios, ni experimentar Su paz, si no elegimos acallar nuestras mentes y escuchar el mensaje de la otra voz.

Escuchamos a esa Voz cuando entramos en el silencio, al elegir escuchar con apertura de corazón, con la anticipación del recuerdo, y con la disposición a aceptar una nueva visión de quién y de qué somos. Y a partir del silencio vendrá el camino a la paz de Dios, que realmente sobrepasa todo entendimiento.

*Si sientes que este material te es útil para la comprensión del Curso, puedes encontrarlo directamente en http://www.unplandivino.net/1-haskell-ucdm/

**Jeshua : Jesús

Comentarios (1)

  1. Responder
    Amparo says:

    Gracias infinitas por tanta luz y claridad en este escruito.

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