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Porque no podía amarme

Esperanza

 

 Por Esperanza Abadía

Aprendí  desde muy muy pequeña, que la aprobación «ajena» tenía una importancia fundamental en la arquitectura de mi vida, que debía hacer  lo necesario para conseguirla, y así, sin casi darme cuenta , ésta se convirtió en El Centro de mi propósito y el » templo de mi bienestar» , así fue como  sin darme cuenta , me aleje de mí misma.  Con el tiempo, me fui enseñando diversas tácticas y estrategias para conseguir los aplausos del mundo, » hacer» que me amaran, buscando ser lo que otros pensaban que yo debía ser.  Desde muy niña creí que ser » buena » consistía en satisfacer las expectativas de los demás,  y que de no hacerlo, nadie me amaría, y perdería mi » lugar a salvo» en el mundo. Yo tenía por tanto que estar atenta a las respuestas de ellos para poder evaluarme a mí misma y así saber si estaba en la dirección correcta.

Aún así, pese a mis intentos nunca me sentía aprobada, aceptada ni  reconocida, no me sentía feliz, ni plena, me sentía inadecuada y el mundo seguía siendo  para mi un lugar inhóspito al que nunca lograba adaptarme.  Sin darme cuenta vivía con una ansiedad subyacente que no me permitía experimentar estar en  paz y a gusto con migo misma.  Sin embargo , este asunto no me cuestionaba lo suficiente  como para echarle un vistazo de una manera nueva,  ya que estaba muy ocupada en conseguir  algo en el mundo que por fin me hicieran sentir razonablemente valiosa y en paz.  Solo después de años de sentirme vacía , me di cuenta que este no podía ser  el único estado posible, y que tenía que haber otra manera  de experimentar la vida y motivada por esta convicción; emprendí una búsqueda » externa»:  decidí estudiar sicología en busca de respuestas, tome decenas de seminarios de autoayuda,  asistí a  un sin fin de escuelas espirituales, retiros, ayunos, dietas, entrenamientos, y guía en filosofías orientales y occidentales y hasta me iniciaron en varias disciplinas espirituales , debo reconocer que algunas de ellas me fueron acercando al verdadero asunto, sin embargo,  todos estos intentos, carecían de una mirada auténtica hacia  mi propio ser,  debido a los condicionamientos de mi mente, de creer que debía hacer algo y que la respuesta debía venir de afuera,  debía encontrar un maestro de maestros que me diera la píldora de La Paz interior y me dijera que debía hacer para conseguirla.

Poco  a poco entendí que si lo que los demás pensaban que debía hacerse era lo más importante, había por ende  un cerco que delimitaba lo menos importante; el hacer, el ritual , la práctica y la búsqueda interminable de lo externo,  era lo más importante, mientras que  mi realidad interior ,  mi ser, mi sentir, sin darme cuenta se había convertido en lo menos importante.   Había que hacer cosas en el mundo para encontrarme,  mientras mi interior permanecía ignorado, sin ser visto , sin ser reconocido ni amado.

Aún así, no sabia ver mi propio abandono como la causa de mi infelicidad, es verdad que si me hubiera preguntado en ese momento , habría dicho que no se trataba de eso, que era por otra cosa, por algo que no podía explicar.  Muy seguramente, debía haber algo mal en mi, no me sentía buena, ni merecedora de amor y nunca conseguía estar bien con migo misma, sin importar lo que hiciera.  Así que seguía buscando que más debía hacer, sin ser consciente de que toda esta ritualizacion no  solo no me había conducido a ninguna parte sino que me alejaba cada vez más de la única y verdadera respuesta. Mi mente acaparada por la voz del miedo , juzgaba que alguien tan poco pacífica como yo no se parecía mucho a esos modelos externos como Jesus o Budha quienes eran enteramente paz y amor. Así que  yo estaba muy lejos, y quizá nunca lo conseguiría, me negué a mí misma, y después de la negación , quise tomar el control de la situación a mi manera, estableciendo rutinas de cosas que debía hacer cada día, dietas, lecturas , meditaciones y otras prácticas,  algunas de ellas, consistentes en escarbar interminablemente en mis dolores del pasado, culpas, resentimientos e intrincadas historias de víctima  en las que eran protagonistas mis heridas no sanadas que podían ser las causantes de mi falta de plenitud.  Definitivamente había  algo mal en mi que necesitaba ser corregido y si no lo lograba,  una vez más me estaría fallando a mí misma.

Paradójicamente tampoco me estaba dando cuenta de que creía  que todo este sufrimiento sicológico, era el justo castigo por todos mis pecados y errores.   Y mientras más profundizaba en ese pozo oscuro, más enmarañado se mostraba el camino, y menos claro mi sentir.  Seguí pistas falsas que me llevaron a callejones sin salida,  dejándome en el mismo lugar en el que había empezado, pero sintiéndome más culpable e impotente cada vez.

Quizá fue eso lo que me llevó a cuestionar estos caminos, me cansé de sentirme indigna, de hacer cosas inútiles, de creer que la vida me castigaba por no hacer lo suficiente, me cansé de tratar de demostrar que era buena, o sabia, o despierta. Me canse de sentir que no era suficiente, me canse de no sentirme valiosa.

Por primera vez, entendí que  lo único que quería era relajarme y soltar toda esta presión, esta necesidad de control, supe que no tenía que demostrar nada a nadie, que cada quien es autor de su opinión, de acuerdo con sus creencias y condicionamientos, que no puedo cambiar a nadie. Y supe que soy mucho más que mi necesidad de aprobación, más que mis búsquedas y mi miedo, más que mi cuerpo y su errático actuar, de hecho supe que nada de ello me define ni me puede contener, supe que lo sagrado no es mi hacer, ni la opinión ajena, ni siquiera lo es mi propia opinión, lo sagrado soy yo misma, mi ser en conexión y que estoy empezando a reconocer.

Y la voz de Jesus, resuena en mi interior diciéndome amorosamente   que me vea como quien no puede enfermar, perder, envejecer o morir, que  no puedo pecar, y  que en esa certeza radica mi verdadera fortaleza.

De pronto, como un destello de luz en mi mente  surge la pregunta: ¿Y que podría pasar si dejo de intentar ? Que podría pasar si silencio mi mente de toda búsqueda opinión o juicio? 

Ahora, solo puedo decir que confío en este silencio que me ha regalado verdaderas experiencias de paz, confió en la unidad, en esos destellos de luz que hay en mi, para que iluminen mi andar, quiero dejarme guiar, desde mi interioridad, ya no necesito emprender más búsquedas, porque puedo abandonarme a la corriente de la vida que sabe a dónde me lleva y si escucho en silencio, yo también lo podré saber …

Esperanza Abadia

Comentarios (1)

  1. Responder
    Jimena says:

    Gracias, un abrazo.

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