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Retorno a casa

LA HISTORIA DE ARMANDO CASH

En tu compleción reside la memoria de Su plenitud y Su gratitud hacia ti por Su compleción. UCDM, 16, IV-11

 

Cuenta ésta historia de un señor llamado Armando Cash que vivía en un pequeño pueblo al lado de la capital en el cual nació oriundo de madre nativa del lugar y con su papá extranjero que lo adoptó. Desde pequeño vivió con sus padres en una casa situada a orillas del municipio que siendo sencilla nada la faltaba. Su padre se había empeñado en crear un sistema de autosuministro o granja integral, recolectando agua lluvia, utilizando gas derivado del autocompostaje, administrando una granja integral de vegetales, frutas, legumbres y un criadero pequeño de pollos y peces.

 

Todo lo que producía la granja lo consumía la familia y lo que le sobraba lo vendía en el mercado campesino o a tiendas del pueblo. Cuando querían consumir algún producto que no lo diera la granja tal como arroz, telefonía, sal, jabón, internet, crema dental, televisión, papel higiénico etc., lo compraban en pequeñas cantidades en el pueblo pues tenían a propósito una nevera con el tamaño suficiente para almacenar lo necesario y no se les dañara ningún producto por vencimiento u obsolescencia.

 

Tanto el papá como la mamá eran profesionales independientes haciendo la mayoría de su trabajo desde la casa o por internet, yendo solamente a la capital cuando la situación definitivamente lo requería. Combinaban su actividad profesional con las de la granja aprovechando el tiempo plenamente.

 

El pequeño Armando vivía como en otro mundo. Muchos comentaban que estaba como en un paraíso pues rara vez se le veía de mal genio y realmente la pasaba bien ya fuera con sus padres, los compañeros de colegio o sus vecinos. Decía su madre que se las gozaba todas día a día y que además le colaboraba en la granja y la casa de vez en cuando. Su padre a pesar que en un principio no dominaba bien el idioma lo llevaba eventualmente a sus quehaceres como intérprete pues lo hacía bien y con gusto.

 

En el colegio sin ser el mejor de los estudiantes la pasaba de maravilla. Según cuentan se ofrecía a cuanta actividad proponían y le interesaba más pasarla bueno y divertirse que sacar las mejores notas. Sus amigos vecinos lo buscaban con frecuencia para buscar algún juego, chiste o broma  que siempre tenía a pedir de boca.

 

Esos años maravillosos transcurrían muy lentamente para él y el tiempo era algo que poco le importaba. No se daba cuenta cuando comenzaba o terminaba el día pues siempre estaba en una actitud de gozarla sin fijarse por los resultados de sus acciones ó lo que aparentemente sucedía afuera de él. No se le veía preocupaciones de ningún tipo y dicen que era un placer estar a su lado porque irradiaba una luz y alegría que contagiaba a todo el que se le acercaba.

 

Ya de adolescente y terminando el colegio, su padre tenía una avanzada edad y su condición física le impedía hacer muchas de las cosas de antes. No obstante, Armando estaba presto para suplirle y ayudarle en lo que podía, cosa que le encantaba a su padre pues sentía que lo hacía con gusto y agrado. La granja integral se mantenía siempre impecable al igual que la casa y sus pertenencias que sin ser de última moda las mantenían normalmente en buen estado.

 

Sus amigos vecinos y del colegio lo invitaban con frecuencia a fiestas y reuniones de adolescente cosa que el disfrutaba pero no le trasnochaban. Tuvo dos o tres novias -sin ser para nada apuesto- que le conocieron sus padres y según ellos se les veía la cara de dicha de estar junto a su hijo que parecía estar siempre de buenas pulgas.

 

No era muy bueno con los deportes y el decía que siempre lo dejaban de suplente en los partidos de fútbol o voleibol situación que el aprovechaba muy bien para evadirse del colegio o irse con sus amigotes a jugar cualquier cosa que no fuera física pues no era muy atlético que digamos pero saludable y siempre presto a divertirse con quien se le atravesara por el camino.

 

Parecía que nada le inmutaba o incomodaba de los demás ni de si mismo y nunca se le vió pidiéndole algo a alguien. No le gustaba planear las cosas y estaba siempre estaba expectante y desprevenido ante lo que pasara asumiendo todo lo que venía como una caja de sorpresas sin prevenciones y prejuicios.

 

Como cualquier adolescente andaba sin un peso en el bolsillo pero el se las arreglaba con trabajos menores que le hacía a su papá, teniendo siempre platica para ir a cine, comprarse películas o invitar a un amigo a la tienda. Desde pequeño, dicen sus padres, era muy organizado con el dinero sin estar necesariamente pensando todo el día en el.

 

El sentía que todo lo tenía, que nada le faltaba; que no necesitaba de nada o nadie sino que por el contrario tenía siempre algo para brindarle a otros. Esa extraña sensación a los ojos de éste mundo estaba dentro de él sin saber porque. Era como un regalo que había recibido sin haberlo pedido. Algo así como una Luz que brillaba dentro de sí, sin saber su origen. Lo único que conocía era los efectos de esa Luz. Lo experimentaba una y otra vez y al darse cuenta de ello su confianza en esa Luz dentro de sí aumentaba mas y mas.

 

Su actitud despreocupada era como un imán que le atraía personas y oportunidades y lo mantenía a salvo de supuestos peligros que sucedían en su entorno.

 

Vivía del presente y eso era todo para el… Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.Mateo 6:28-29

La ilusión de las necesidades. UCDM. LDT. 1,6.

 

La historia de Armando Cash tuvo un giro cuando apenas estaba terminando su secundaria en un colegio cercano al municipio. Sus padres no habían influido para nada en la carrera que podría estudiar el muchacho pero sus amigos y la sociedad en general decían que estudiara algo que le diera plata y que lo mantuviera para el resto de sus días. Ese tema no era algo que tuviera Armando presente en su mente, pero una vez lo hizo, tenía que tomar esa decisión. Realmente era algo que poco le importara, pero finalmente optó por estudiar una actividad profesional que proyectara un futuro promisorio, según dictaba el sentido común y al cual la mente de Armando le prestó atención y le creyó.

 

Desde que solicitó su entrada a la universidad empezaron a pedirle pruebas de sus capacidades pues tenía que competir con otros jóvenes que optaban por unos cuantos cupos. Se tuvo que preparar con todo el esfuerzo posible para esas prueba pues no es que fuera un brillante intelectual. Ese sacrificio como -le llamaban- empezó a arrojar sus primeras ganancias. Pasó a la universidad y carrera más conveniente, opinaron todos dentro de una  lógica normal. Sus padres sólo querían que su hijo fuera feliz independiente de su decisión. Su apoyo era incondicional. Armando empezó a sentirse diferente pues captaba que los resultados eran fruto de su sacrificio y empezaba a acumular logros en su vida.

 

Armando se empezó a destacar dentro de sus compañeros de estudio pues era muy organizado para manejar números, cuentas y para diseñar proyectos. Sin percatarse empezó a buscar siempre los primeros lugares en todo lo que hiciese más por ganarse el reconocimiento que por otra cosa. Se dió cuenta que podía obtener muchas cosas y logros con su buen sentido, simpatía y racionalidad. Utilizaba ésta cualidades para diferenciarse de las demás y volverse una persona especial cosa que empezó a gustarle más y más. Pronto todos empezaron, tal como buscaba interiormente, a reconocerle y ofrecerle toda clase de elogios como buenas notas, linda novia y popularidad. Aún no tenía dinero pero eso estaba por venir. Cada vez reforzaba más su punto de vista y se esforzaba por no perder lo que había ganado.

 

Una vez terminó sus estudios universitarios lo contrataron en la empresa donde hizo sus prácticas profesionales pues vieron en él su alto potencial y ambición para conquistar nuevos clientes y mercados para los productos y servicios que se ofrecían. Este nuevo logro le produjo un aumento de su llamada autoestima y empezó una fiera competencia por escalar hacia los los mejores cargos de la compañía. De nuevo todas sus capacidades se pusieron al servicio de su voz interior que ahora le decía que debía acumular capital, reconocimiento y prestigio lo más pronto posible y además caerle bien a todos como medio para ascender lo más alto posible. Rápidamente llegó a la subgerencia  de la empresa y ya había comprado su propio carro y empezado a pagar su apartamento pues su salario era muy bueno. Dominaba una segunda lengua e hizo estudios de postgrado en una universidad extranjera. El estrés generado por conquistar y acumular más capital y buen nombre era algo normal y había que manejarlo con gimnasio, buen sexo y comida light.

 

Empezó simultáneamente a crear sus propios negocios con socios nacionales y extranjeros pues quería invertir sus excedentes en las actividades más rentables posibles pues había que maximizar en el menor tiempo posible el capital que tenía acumulado. Sus intereses iban en ascenso y muy cambiantes pues su ámbito ya no era nacional sino multinacional. Nada de lo que tenía era suficiente para el y no le conformaba lo que veía a su alrededor pues todo le parecía a medio acabar y sin valor agregado. Su habilidad en los negocios se incrementó exponencialmente pues ya se codeaba con grandes inversionistas, periodistas, políticos y centros de gran poder. En el plano familiar firmó dos divorcios con una niña a su cargo que la tenía como un tesoro especial y le proveía de todo lo que quería. Todo el círculo de amigos giraba en torno a los negocios y siempre se preguntaba quién le podía ser útil para sus intereses y cómo abordarlo. Su digestión empezó a molestarle debido a la tensión de sus negocios que cada vez le demandaban más tiempo mientras que los dolores de cabeza iban igualmente en aumento.

 

La relación con sus padres después de terminada la universidad fué muy fraternal aunque esporádica y superficial. El los visitada como una vez al semestre a su casa paterna en el municipio y pesar de su insistencia los padres nunca le recibieron nada pues estimaban que todo lo tenían. El no entendía esa clase de estancamiento y pensaba que esa manera de pensar no era moderna y desarrollada. Que había que sobrevivir, competir, luchar, conquistar y crecer para volverse una mejor persona. Tenía en su mente un mundo de ganadores y perdedores y lo que hacía lo predicaba y enseñaba con absoluta convicción. Su elegante estilo de vida no tenía nada que ver con su lejano pasado en el municipio. Su padre adoptivo extranjero murió de avanzada edad y su madre quedó viviendo con su hermana en la misma casa, eso sí sin un rastro de pérdida, soledad o culpabilidad. En cambio Armando tenía su mente jugada en otra cosa. Cada vez que ganaba más…. -más ganas de ganar más- le daban.

 

Se pasó a vivir a una exclusiva ciudad del extranjero pues la capital de su país al que consideraba totalmente subdesarrollado ya no satisfacía sus intereses. Su alto perfil social y económico iba siempre en aumento y su éxito a los ojos de éste mundo eran indudables. Había logrado todo lo que se proponía alcanzar y sus metas eran cada vez más altas. Estaba en las grandes ligas y jugaba de la mejor manera en los mejores escenarios y con los mejores jugadores del mercado. Su codicia y ambición no tenía límites pues en su mente era algo deseable, creíble y alcanzable. No obstante, su salud empezó a preocuparle pues se mantenía las mayoría de las veces ansioso, tensionado y preocupado por el negocio de cada día y consecuentemente su cuerpo empezaba a mostrar los efectos de ello.

 

Así mismo su afán de no perder lo ganado -dinero, propiedades y prestigio- lo impulsaba cada vez más a asegurarse y blindarse ante ello. Había construido su emporio a punta de esfuerzo e inteligencia y nadie se la iba a quitar o amenazar. Este poder raramente lo compartía con alguien pues la mayoría de sus relaciones eran con subordinados de confianza que sabía que nunca lo podían traicionar. Se consideraba así mismo como una persona definitivamente especial que había logrado lo que tenía por sus capacidades diferenciadas y su altísima competitividad y destreza para ganar cada partida.

 

Sin embargo había algo que se había apoderado de él y que no sabía cómo manejarlo: el miedo. Tenía miedo de perder… sus negocios, su capital, su fama, prestigio, reconocimiento, su salud, su imagen, etc. y hacía todo lo que fuese necesario para mantener esos logros. Entraba en gran angustia cuando sentía que perdía en algo y atacaba sin miramientos al que sentía le estaba ganando. Siempre quería salir airoso de cualquier conversación, negociación, juego, relación.

 

Un vacío aumentaba en su interior. Cada vez necesitaba más. Una cosa llamaba a la otra. Quería mejorar casa, relaciones, posición social, mujer, rentabilidad, propiedades, inversiones etc., ya sea por su insaciable apetito o por competir contra algo que los demás tenían y el no. Su éxito no le bastaba, necesitaba ser más exitoso que los demás… Y la semilla cayó en terreno pedregoso: Mateo 13, 20

La plenitud del Reino no depende de tu percepción, pero tu consciencia de su plenitud si: UCDM, LDT VC8

 

Estaba don Armando Cash desayunando en su casa privada a orilla del muelle donde tenía anclado su yate privado cuando recibió desde su país una llamada inesperada; era su hija de catorce años que quería saludarlo y recordarle que el próximo fin de semana era su fiesta de quince años y que quería que la acompañara en esa fecha especial para ella. Su reacción primaria fue de estupor por no acordarse de la fecha pero su hija lo captó de inmediato y le dijo que fresco papi que ella no sabía de rencores; esa respuesta lo desarmó ya que le iba a decir que tenía un importantísimo cierre de negocio para esa fecha. Entonces le preguntó si su mamá y el nuevo esposo no se sentirían incómodos con su presencia. De nuevo la hija le contestó -extrañada- que ellos no sabían nada de eso y que recibían a todos por igual sin importar quien fuera. Además le dijo que la abuela -o sea la mamá de Armando- le había preparado el ponche que tanto le encantaba para brindarle a todos los invitados a la fiesta. Un <sí>  dudoso y culposo le dió a su hija prometiéndole que estaría a su lado en esa fecha.

 

Inmediatamente colgó con su hija llamó a su mamá que ya de avanzada edad, esperaba  de manera inconsciente la llamada de Armando como si estuvieran conectados mentalmente. Como siempre lo saludó entrañablemente con ese amor incondicional que le tenía y le preguntó que cuando se venía pues ya sabía que atendería la llamada de su hija adolescente y siempre sería bienvenido entre ellos.

 

Armando sólo atinó a preguntarle lo que estaba presente en su mente.

 

  • “¿Que necesitan que lleve? ¿Será que es muy prematuro regalarle el carro a la niña?” preguntó.

 

La mamá le respondió honestamente.

 

  • “Mijito no se preocupe que eso no lo necesitan; lo único que se necesita es que venga y esté con su hija y su familia y -porque no- con algunos de sus amigos de infancia. Nada más se necesita pues nosotros lo tenemos todo.”

 

Desconcertado por la respuesta frentera de su mamá y la actitud generosa de su hija, Armando se quedó estupefacto y desarmado. Su mente se quedó desconcertada y vacía pues el estaba creyendo que lo estaban esperando por lo que tenía o hacía. Estaba convencido que lo que había construído era su valor en la vida. Sus proyecciones y sueños realizados eran lo máximo para él y efectivamente creía a rajatabla en ellos. No salía de su asombro interior, cuando recibió una llamada para cerrar el negocio más grande de turno. El tenía que decidir ahora mismo a qué voz atendía. A la voz del interés económico, financiero, comercial y relacional que le aumentaría aún más su patrimonio, reconocimiento y prestigio ó a la voz que no estaba interesada en lo más mínimo por eso.

 

Eran como dos mundos que se le ponían al frente en ese momento de su vida pues a su parecer eran como el agua y aceite; no se mezclaban. En uno se ensalzaba el triunfo en la vida como la consecución de bienes materiales, propiedades, títulos, fama, reconocimiento, dinero, bienes, buen nombre, relaciones especiales, contactos, información y prestigio entre otros y de otro lado simplemente no se la daba valor a eso, no por considerarlo bueno o malo, sino porque no era necesario… Un mundo implicaba meterse en la lucha, competir, sacrificar tiempo, dinero y energía para obtener algo o alguien y el otro ni se inmutaba ante eso pues sus propósitos u objetivos eran diferentes; obtener paz y amor interior e incondicional más allá de una u otra situación, circunstancia, negocio o relación que se presentase.

 

Armando se preguntaba ahora si podría haber una conciliación entre esos dos mundos pues sentía que le costaría dejar mucho lo que había construido con esfuerzo para entregarse a una causa de “otro mundo”. No sabía la respuesta a ese dilema pues por un lado no quería ser un santurrón y asceta que tendría que dejar o donar todas las cosas materiales o su riqueza para salvarse y ser feliz y de otra parte tampoco quería sentirse como lo estaba desde hace mucho tiempo; confuso, angustiado, ansioso, estresado, culposo, enfermizo y amarguete.

 

Como no sabía qué hacer pidió ayuda de manera privada e interna a Dios… a pesar de que el no se consideraba para nada religioso o espiritual. Si Dios lo sabía todo le daría respuesta…

 

Llegada la hora del viaje de vuelta a su hogar paterno su corazón palpitaba más intensamente y tenía una serie de ideas o sentimientos mezclados en su mente y corazón: por una parte una preocupación por no perder todo lo que había construido y de otro lado por volver a sentir esa maravillosa sensación de desprendimiento, dicha, gozo, buen humor y paz que de niño experimentó con frecuencia y que deseaba volver a tenerla en la cotidianidad. Comprometido a encontrar la respuesta -sin saberla aún- emprendió el viaje de regreso a su tierrita, su mami, sus amigos, su hija, etc..

 

Al llegar al aeropuerto estaban su hija y su mamá ya ancianita esperándolo a junto un amigo de infancia que se ofreció a recogerlo en su carro. Los reconoció al instante y sin pensarlo dos veces se fué a abrazarlos lleno de emoción y repentinamente empezó a bromear como lo hacía desde niño con la maleta, la puerta del carro, los pantalones que llevaba puestos, la demora en entregar el equipaje y todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Era como un aire fresco o suave brisa que le había llegado a su interior. ¡Estaba haciendo chistes y bromeando! de un momento a otro.

 

Se dió cuenta o tomó consciencia que estaba retomando lo que ya tenía y lo había dejado ir. Esa alegría, gozo, chispa, dicha y paz que indiferentemente lo hacía de niño y joven había vuelto como por obra y gracia del Espíritu Santo. Había recuperado de un momento a otro el tesoro más valioso que se la había perdido; mejor dicho se había dedicado a buscar algo que no se la había perdido. Dios le dió la respuesta no afuera de él sino dentro de sí mismo.

 

Sus acompañantes no cabían de la dicha al ver de nuevo a Armando bailar en una pata con simpáticas ocurrencias y tomándole el pelo a todo sin darle trascendencia a lo que pasara o no pasara. Todos se volvieron a contagiar de su buena vibra que volvió a el luego de mucho tiempo que en realidad parece que fue ayer como decía su mamá.

 

Durante la fiesta de la hija y después de ésta una luz llegó a su mente y su corazón que le aclaró todas las confusiones y preocupaciones que tenía. Resolvió volver a su hogar nativo y montar sus negocios en su municipio de origen invirtiendo en el todo su gran patrimonio generando casi 3000 empleos directos y 5000 indirectos en la región.

 

Realmente eso poco le importaba a él. Descubrió que lo que le había sucedido era como un sueño del que despertó de un momento a otro como por obra y gracia del Espíritu Santo. Volvió a casa, es decir a su verdadero ser que permaneció inalterable e inmune durante todo ese tiempo que al parecer estuvo afuera. Lo importante es que había regresado y recobrado esa alegría, paz y amor internos. Se reencontró con lo mejor de sí mismo y nunca más lo iba a dejar ir.

 

Dónde está tu tesoro está tu corazón. Mateo 6:21.  Mi Reino no es de este mundo: Juan 18: 36-37

 

Autor: Aimant

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